Artículo de Luis Gruss

En el Suplemento del Diario “LA NACION” adn-cultura del Domingo 08 de junio de 2008 acabo de leer un hermoso comentario de Luis Gruss al libro de fotografías “Un mismo rezo” (Del Nuevo Extremo), del fotógrafo argentino Lucio Boschi .-

Pueden acceder a este comentario profundo en su totalidad en el link: http://adncultura.lanacion.com.ar/p1018219.-

Mientras tanto les dejo algunos párrafos del mismo que me encantaron por su profundidad y me sirvieron para hacer mi oración de la mañana en este segundo domingo de junio: ¡Que lo disfruten!

Héctor Gustavo Dimónaco
“ Dios es un lugar tranquilo, seguro y protector, inalterable y piadoso. Hablar con Él es, por eso mismo, dialogar con lo más íntimo de cada uno, con eso que permanece mientras la vida fluye con sus piedras y sus lodos iglesias, templos y ermitas funcionan a veces como improvisadas salas de espera. Contaba el autor francés André Gide que comprendió lo que significaba el simple acto de rezar un día que pasó muchas horas aguardando un tren en una estación de extramuros. "Toda sala de espera es en rigor una sala de esperanza -escribió-. De no ser así nadie entraría en ella. Esperar es siempre aguardar con ilusión que lo que vaya a ocurrir sea al fin aquello que tanto se ha deseado."

El universo entero es un templo para rezar sin presentar ninguna credencial.

Me gusta la idea del silencio -dice Jampel Taring de Bután-. Es ahí donde me encuentro cerca del misterio de la vida y unido al ritmo del universo.

La vida se festeja, los momentos se bailan, el dolor se abraza. Las plegarias, atendidas o no, se convierten en un idioma milenario que celebra un pacto con la emoción y el encuentro con el otro.

"Quienes recibimos el regalo de la vida transcurrimos ahora por un momento crítico . La humanidad avanza a ciegas, sin conciencia de sí, esclava de un mecanismo perverso y cada vez más deshumanizado."

Ponernos nuevamente en contacto con el ser esencial que duerme en cada uno de nosotros y a recuperar la posibilidad de alcanzar una vida que se parezca más a una celebración que a un calvario obligado.