¡ que interior y que exterior !

LEAMOS LA PALABRA DEL PADRE GENERAL QUE EN LA REVISTA MENSUAL “ NOTICIAS EN FAMILIA “ – NEF- DEL MES DE JUNIO, NOS DA UN HERMOSO MENSAJE A LA LUZ DE LAS PALABRA DE NUESTRO SANTO FUNDADOR SAN MIGUEL GARICOITS.-

EL BOLETÍN INTEGRO PODRÁN LEERLO E IMPRIMIRLO, SI DESEAN, EN LA PAGINA http://www.betharram.org/

¡ que interior y que exterior !

¡Aquí estoy! Nuestro Señor se ofreció desde el primer instante de su concepción a Dios su Padre con un acto interno en el que perseveró siempre sin ninguna interrupción. ¿Por qué quiso agregar a ese acto interior y secreto un acto exterior y público según la Ley? Para enseñarnos que hay que ser cristianos no sólo interiormente, sino también exteriormente, sobre todo en cosas de precepto y en lo que ha podido ser introducido por una costumbre piadosa… (D.S. 41-42) (Cf. También: D.S. 47, 106-107, 136-136)

Esto dice San Miguel Garicoits en continuidad con la historia de la espiritualidad cristiana valorando tanto la dimensión interior de la vida cristiana como la dimensión exterior y pública de la misma. Es importante valorar las dos dimensiones de la fe ante dos posturas reduccionistas actuales: la valoración de la actuación cristiana despreciando la vida interior y el querer reducir la fe a un asunto de la conciencia de cada uno por parte de aquellos a los que molesta la dimensión profética de los cristianos en la vida pública.

El descubrimiento de la vida interior comienza con el trabajo de autoconocimiento, seguido de la aceptación y reconciliación con la propia historia, dando lugar a dos actitudes fundamentales: la sinceridad y la humildad.

El segundo paso de la vida interior es el descubrimiento de la presencia de Dios en lo más hondo de mi intimidad, en el corazón. Yo te buscaba afuera y Tú estabas dentro, decía San Agustín. A partir de este descubrimiento hay que aprender a interpretar y distinguir la alternancia de consolaciones y desolaciones, las ilusiones y los engaños, las certezas y convicciones, las alegrías y las tristezas para saber descubrir cómo se revela “el dulce huésped del alma” a través de todos esos movimientos interiores.

Para vivir este proceso con realismo se necesita el acompañamiento de un maestro experimentado que pueda ayudar a hacer la experiencia interior de la verdad sobre mí mismo y de la manifestación de Cristo vivo a través de las mociones interiores. En la experiencia de los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos ejercita en el trabajo de esta interioridad. La primera, para que sienta interno conocimiento de mis pecados y aborrecimiento de ellos.. [63]. Pedir conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga [104]. Será aquí pedir conocimiento interno de tanto bien recibido, para que yo enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad[233].Y por medio de las repeticiones de la oración me voy ejercitando en el aprendizaje de este conocimiento interno.

Una palabra escuchada, un acontecimiento, una persona vista o encontrada, una noticia, la lectura de un texto de la Escritura… tiene resonancias en nuestra interioridad y provoca mociones, movimientos interiores, a los que hay que estar atentos, pues a través de ellos el Verbo Encarnado-Resucitado se nos revela. Esos movimientos interiores se convierten en motivación de mi actuación exterior. Si se llegaron a interiorizar los criterios del Evangelio, en vez de guiarme por los sentimientos de venganza que me brotan al ver a una persona que me hizo mal, me dejaré guiar por el valor del perdón que vivió y enseñó Jesús. O en vez de pensar sólo en mí buscando lo que me resulta agradable, me molestaré por servir pensando también en la calidad de vida de los demás.

Este conocimiento interno no puede ser un intimismo que me aisla o me aleja de la realidad. Tiene que tener la característica y la dimensión del realismo cristiano: parte de la realidad objetiva, social, humana, psicológica, eclesial, cultural… que provoca a la persona concreta, que cree en el Evangelio, en toda su dimensión corporal y espiritual. Y ésta reacciona a esos desafíos con un corazón nuevo, actuando de vuelta en la realidad para transformarla. Para que yo enteramente reconociendo pueda en todo amar y servir.. [E.E.233].

La interioridad auténtica y madura se manifiesta en las virtudes, las acciones, los gestos de servicio, la colaboración en la construcción de la fraternidad religiosa y de la comunión eclesial, en la solidaridad, la responsabilidad, el perdón, el diálogo, el respeto… Es la Vida en Cristo de que habla el Catecismo. Nuestras acciones vienen motivadas por los valores y convicciones que cultivamos en nuestro mundo interior. Tan importante es entonces la exterioridad como la interioridad. Una interioridad rica, madura, que cultiva los valores evangélicos, se manifestará en una exterioridad con las mismas características. Cuando la conducta exterior manifiesta la riqueza interior hablamos de una coherencia de vida. Cuando la conducta exterior no responde a los contenidos de la interioridad hablamos de una vida contradictoria.

San Miguel Garicoits contempla la belleza de esta armonía entre lo interior y lo exterior en el Maestro Jesús, en los sentimientos de su Corazón y en el comportamiento de su actuación, que propone imitar. En él no hay contradicción, no hay sí y no. En él todo es coherencia, todo si al Padre y a los hombres: ¡Tú, modelo mío, qué tranquilo, qué dueño de ti mismo, qué atenciones delicadas para con los demás qué exterior, qué interior! Sobre todo qué corazón, qué ternura, qué paciencia en medio de ese océano de dolor! (D.S. 48)

Gaspar Fernandez,SCJ