Un Nuevo Mes

ESTAMOS EN JULIO 2008




Queridas Familias:

Comenzamos ya un nuevo mes.- Pondremos al mismo bajo el amparo de Nuestra Señora de Betharram, cuya celebración festiva la tendremos el próximo 28 de julio.-

San Miguel Garicoits y su devoción a María de Betharram.-

El P. Garicoits exclamaba a menudo: "¡Oh si pudiera reunir un núcleo de sacerdotes con el mismo programa del divino Corazón de Jesús, el Sacerdote eterno y servidor del Padre celestial!... es decir, con abnegación total, obediencia absoluta, perfecta sencillez y mansedumbre inalterable. ¡Cuánta gloria daría al Señor!".-

Así es cómo, entristecido por el espíritu de independencia y de insubordinación desparramado por el mundo, hasta entre el clero, - fruto de la Revolución Francesa y del laicismo naciente - ideó la fundación de una sociedad de sacerdotes cuya divisa fuera el cumplimiento exacto de la Voluntad de Dios y la más perfecta obediencia a la autoridad.-

Maduró su idea en la meditación y luego, a fin de cerciorarse a fondo de la divina voluntad acerca de esa obra, se trasladó a la ciudad de Tolosa (1832) para hacer un retiro espiritual de 30 días bajo la dirección de P. Leblanc, de la Compañía de Jesús:

"Seguid vuestra inspiración, le dijo el prudente jesuita; seréis el padre de una familia religiosa émula de la nuestra."

Plenamente confirmado en todos sus proyectos, el P. Garicoïts se dispuso a realizarlos sin apresuramientos ni temores, cual humilde instrumento de Dios.

A su regreso a Betharram, fue a postrarse ante el altar de Nuestra Señora y recibió, según su propia confesión, intensa luz del cielo y poderosa gracia para llevar a cabo la proyectada fundación.

A partir de ese día, puede considerarse como existente la Congregación de Betharram.

En su piedad hacia la Virgen, el P. Garicoïts acarició la esperanza de recuperar la primitiva imagen de Ntra. Sra., de Betharram transportada en España en los días aciagos de las Guerras de Religión (Siglo XVI). Pero habiendo fracasado la inquietud, se propuso aprovechar la presencia del gran escultor Renoir, contratado para la restauración del Calvario de Betharram, a fin de substituir por una impresionante estatua de mármol blanco la diminuta efigie que se veneraba entonces en el altar mayor del santuario.

Desde 1845, esa obra maestra de escultura atrae las miradas de los peregrinos a Betharram y recibe los homenajes de los fieles, premiando María con divinas gracias su filial devoción.