PEREGRINACION JUVENIL A SAN LORENZO



Crónicas de un día de Esperanza:

El domingo 30 de mayo, iniciábamos la 33º Peregrinación Juvenil a Pie a San Lorenzo.- La mañana amaneció fría y con amenaza de lluvia; pero todos los hijos de María confiados en su ayuda, sabíamos que ella iba a interceder para que todo se desarrolle con entrega generosa del cuerpo y de lo espiritual; para alabar con lo que somos a Dios.

El comienzo fue de mucha algarabía para darnos ánimo mutuo para comenzar a caminar como peregrinos bajo el lema “María guía nuestros pasos y transforma nuestras vidas”; y esto se fue cumpliendo en el trayecto ya que todos unidos rezando el rosario, cantando o dialogando con el hermano sentíamos la presencia de Jesús que nos animaba a continuar a llegar a San Lorenzo donde nos esperaba la celebración Eucarística.

Por la Radio un oyente dijo: “Peregrinar es orar con las piernas, hacia adelante”, esto figura el momento compartido, con María encabezando la peregrinación y sus hijos encaminados bajo su manto. A medida que íbamos avanzando recibíamos el saludo de los vecinos, abuelos de los geriátricos, los seminaristas que nos recibieron con bengalas para hacer notar la presencia de María, fueron momentos lindos de hermandad y efusividad Católica.

Durante el trayecto, como una parábola de la vida los hermanos mostraban como vivir el camino hacia el Señor, algunos con fe y esperanza, otros con los brazos caídos, algunos perseverando, otros abandonando; algunos sin ceder a los dolores del cuerpo, otros sólo acatando su mandato; en suma el escenario de la vida hecho peregrinar.- Dios quiera que todos podamos haber leído nuestra actitud de hijos frente al Padre cuando andamos por la vida.-

El momento culmen fue la llegada a San Lorenzo, donde se potenciaron los cantos de alabanzas y se renovaron las fuerzas para compartir la Santa Misa, donde llevábamos varias peticiones; en especial por nuestro país y las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Compartiendo a Jesús Eucaristía, una vez más nos sentimos hermanados de sabernos hijos de María y que pertenecemos a un mismo Padre; la liturgia colaboró para que el Espíritu ore en nosotros con alabanzas y agradecimientos por todo lo vivido y compartido, para continuar sembrando el amor de caridad y demostrando nuestra fe en obras.

Lic. Raúl Rodríguez
Coordinador Pastoral